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martes, 18 de abril de 2017

La tienda de antigüedades

LA TIENDA DE ANTIGÜEDADES

El vestido de fiesta era auténtico y el carruaje y los caballos también, así que la clienta se fue contentísima con la ganga. Pero pasadas las doce de la noche me despertó hecha una fiera, amenazándome con un zapato de cristal, y tuve que devolverle el dinero. Se lo había advertido lo de la medianoche, venía bien clarito en el libro de instrucciones, pero ni caso. Y mírame ahora: recogiendo del mostrador jirones de seda, pedrería y organdí y dando escobazos a estos dos ratones.
De verdad, qué descuidada es la gente, ¡está todo inservible! En cuanto amanezca quemaré los harapos en la chimenea, sacaré a la gata para que acabe con los intrusos y pondré una olla con agua a hervir para hacer crema de calabaza.


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