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jueves, 5 de julio de 2012

El principio del fin

EL PRINCIPIO DEL FIN

Apoyado contra la pared de la gruta, modela con cariño su muñeco de barro. Ya solo faltan unos pequeños retoques para lograr la imagen con la que tantas veces había soñado. Está exhausto, pero satisfecho: han sido seis días de emociones y dentro de nada llegará su merecido descanso. Pero poco le dura la dicha: afuera se ha levantado un vendaval que enturbia de arena el aire de la cueva, cegándole la vista.
Al salir, se cubre la cara para no presenciar el desastre. El mar se ha encolerizado: no soportaba ser testigo pasivo de los juegos de las palmeras mecidas por la  brisa;  que la luna impusiera límites a su furor y le impidiese lamer con su marea más allá de la orilla y participar así de la fiesta de sombras y baladas; que las gaviotas se aprovecharan de su despensa… Un huracán vengador riza una enorme ola que barre sin piedad toda la costa.
Abatido, se retira al interior de la caverna. Se topa con la figurita medio terminada que le mira desafiante, rascándose la entrepierna, y decide entonces abandonar el paraíso.
Regresará cuando todo haya terminado, para enterrar bien profundo los escombros de su obra imperfecta.