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martes, 28 de enero de 2014

Superstición

SUPERSTICIÓN

Suspiró profundamente y recogió dos cubiertos. ¡Pues que alguna de sus hijas o nietas le hubiese ayudado a poner la mesa, carajo, en vez de sentarse tan frescas en la salita a terminarse su botella de moscatel! No era culpa suya que le temblaran las manos y se le rompiera una copa de vino, bastante tenía con disimularlo. Y trece a la mesa, ¡nunca! Sacrificó sin mucho esfuerzo a la cafre de su cuñada. Y al tontaina de su hermano.



sábado, 25 de enero de 2014

Alguien al otro lado

ALGUIEN AL OTRO LADO

—Judit, cariño, cierra los ojos y duérmete. —Carlos la arropa con el edredón de dibujos y  le da un beso en la frente.
—Papi, no apagues la luz del pasillo, eh. —La niña abraza a su muñeca Dora—. ¿Has mirado debajo de la cama?
—Que síii…, tranquila. Hala, a dormir, que es tarde. —Sale del cuarto dejando la puerta entornada.
Y comienza la pesadilla.
Debajo de la almohada, Judit esconde siempre su linterna de los campamentos. Sigilosa se incorpora, se arrodilla sobre la moqueta y alumbra con el foco bajo el lecho. Nada. Se acerca de puntillas al armario, revuelve entre los vestidos colgados. Tampoco nada. Entonces observa un temblor tras las cortinas. «¡Qué mal te has escondido hoy, tonto!», le censura divertida, agarrándole del rabo y arrastrándole por el suelo. Deslumbrado por la luz, el monstruo se tapa los ojos con las garras, indefenso. La niña le sujeta a la sillita de paseo de su bebé y le obliga a tragarse todo el mejunje blanco del biberón. Después, le peina las greñas y le hace unas coletitas.
—Ahora te pondré el disfraz de princesa, ya verás, ya…
Momento que aprovecha el pobre diablo para saltar por la ventana.

sábado, 18 de enero de 2014

Un paso adelante

UN PASO ADELANTE

Pero esta vez, ella lloró sin correr a disimular su llanto entre fogones y ollas, como venía haciendo los últimos ocho años, cuando le veía derramar el vaso de leche sobre el mantel en las comidas o le limpiaba con la servilleta la boca para quitarle los restos de puré. Esta vez, las lágrimas de Emilia se mezclaban con las de su hijo Ernesto, que aplaudía entusiasmado como un niño al ver que había logrado anudarse los cordones de sus playeras.


sábado, 11 de enero de 2014

El arma del delito

EL ARMA DEL DELITO

—Así, tontamente, acabe pegándome un tiro en la cabeza, o me estrangule, o me apuñale, o algo peor. No se puede confiar uno. Ca. Hace tiempos que no pego ojo por culpa de sus ronquidos, casi me alegro de que se haya muerto el puñetero viejo.

El nonagenario cuenta su versión de los hechos a los sanitarios del asilo sobre la repentina muerte de su compañero de habitación. No suelta el bastón blanco ni cuando llegan los agentes de policía, con sus guantes y sus maletines negros. Ha tenido suerte, esos novatos no se atreverán a quitárselo.

viernes, 3 de enero de 2014

MELISSA G.

MELISSA G.

—… naricilla respingona y un cuerpazo de escándalo. Bien, señor —el empleado aporrea las teclas, la pantalla comienza su búsqueda—. ¿Algún detalle más que pueda sernos útil? ¿Lunares, tatuajes?
Niego con la cabeza, impaciente. Unos minutos después, le oigo decir «aquí la tenemos». Se levanta de la silla y me hace un gesto para que le siga al almacén. Abre una cajonera metálica, señala a la chica. «¿Es esta, verdad?». Asiento. «Déjeme el carné». Se lo entrego y apurado me acerco a una cabina. Meto la cinta en el vídeo, la rubia me guiña un ojo y sin perder un segundo más me desabrocho los pantalones.