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sábado, 18 de enero de 2014

Un paso adelante

UN PASO ADELANTE

Pero esta vez, ella lloró sin correr a disimular su llanto entre fogones y ollas, como venía haciendo los últimos ocho años, cuando le veía derramar el vaso de leche sobre el mantel en las comidas o le limpiaba con la servilleta la boca para quitarle los restos de puré. Esta vez, las lágrimas de Emilia se mezclaban con las de su hijo Ernesto, que aplaudía entusiasmado como un niño al ver que había logrado anudarse los cordones de sus playeras.