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martes, 28 de enero de 2014

Superstición

SUPERSTICIÓN

Suspiró profundamente y recogió dos cubiertos. ¡Pues que alguna de sus hijas o nietas le hubiese ayudado a poner la mesa, carajo, en vez de sentarse tan frescas en la salita a terminarse su botella de moscatel! No era culpa suya que le temblaran las manos y se le rompiera una copa de vino, bastante tenía con disimularlo. Y trece a la mesa, ¡nunca! Sacrificó sin mucho esfuerzo a la cafre de su cuñada. Y al tontaina de su hermano.