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domingo, 30 de abril de 2017

Humera

HUMERA

El lápiz con el que ella, cada mañana, se lo dibujaba no estaba en el cajón de la cocina. Ni el post-it pegado a la nevera con el corazón y el «te quiero. Ni las ventanas abiertas dejando entrar la tibia brisa del amanecer, ni su taza de café vacía en el fregadero. 
Con la bruma etílica lograba Armando ocultar sus recuerdos; con cada resaca volvía a tropezarse con ellos.


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