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domingo, 30 de abril de 2017

En este establecimiento

EN ESTE ESTABLECIMIENTO

—Un whisky con agua —pidió la mujer mientras sacaba un cigarrillo de su pitillera. Era bonita. La chica, digo, no la pitillera. Sentada en aquel taburete de hierro cromado, parecía una actriz de cine: melena ondulada, sedosa —no llegué a tocarla, claro, pero parecía suave—; labios rojo pasión, pestañas larguísimas… Enseguida supe que me había enamorado.
Seguí observándola de reojo. La muchacha, la diosa, volcaba ahora el contenido del bolso sobre la barra: kleenex, una caja de preservativos sabor naranja… Solícito, saqué mi mechero y le ofrecí fuego. Ella aspiró el humo, lentamente, y lo expulsó por la nariz.
—¿Vosotros dos estáis tontos, o qué? —dijo con voz de vinagre el camarero—. ¡A fumar a la puta calle!


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