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domingo, 30 de abril de 2017

El disgustazo de Hamlet

El DISGUSTAZO DE HAMLET  

—La he cagado pero bien —se lamentaba el príncipe Hamlet mientras se enjugaba la sangre de las manos en el bebedero de los caballos—. Con su padre atravesado por mi espada, la Ofelia se ha cogido un cabreo que para qué, ¡y ya no quiere casarse conmigo! Lo que no entiendo es qué demonios hacía este hombre en el campo de batalla, si anoche me comentó que no llegaría a tiempo, que tenía hora donde el galeno para ponerse un par de sanguijuelas. Y ya ves tú, que me lo he cargado sin querer…
—Sí, uno nunca sabe dónde la tiene —contestó apático el mozo de cuadra mientras cepillaba el lomo al corcel, como diciendo «a mí qué me cuentas».
—¡Mi señor! —se presentó haciendo una exagerada reverencia con su flequillo negro un emisario todo sudoroso—. Su futura promesa…
—¿Mi qué? Tú estás pensando en el torneo de caza…
—…Perdón. Su prometida, la joven Ofelia, se ha caído por un puente.
—¿Resbaló?
—No. Se tiró.
—Qué cabrona —musitó abatido Hamlet—. Ya me imagino que ahora seré yo el personaje malo malísimo que la lió parda. Y saldré muy mal parado en alguna novela, lo veo venir, eh.


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