domingo, 22 de marzo de 2026

Tarde de duelo

TARDE DE DUELO

Sin apurarse, con calma, intenta transitar la joven viuda por el duelo, «¡Ha sido tan repentino!», suspira en el velatorio enjugándose las lágrimas. A continuación balbucea un «necesito estar sola, disculpadme» y sale compungida al jardín de la mansión.

Allí busca un banco alejado, se acomoda y empieza por el principio, por la negación. Pero ¡ay!, lo único que no se puede negar es que estas cosas, antes o después, pasan; y más si tienes noventa años y estás achacoso perdido. Es lo que hay, no se hable más. Y con las mismas, llega a la ira, pero a decir verdad este sentimiento le golpea con escasa intensidad. Aprieta los puños, frunce la nariz, intenta enojarse, pero nada. Con lo cual decide acometer la negociación, tercera fase, pero como no sabe qué es eso, pasa a lo siguiente, que es la tristeza profunda, la sensación de vacío, la depresión. El  para qué seguir adelante.

Y en esta tesitura se halla, cuando unas manos le tapan los ojos por detrás y nota un beso en el cuello. Es el jardinero quien pone la guinda a la quinta fase, la aceptación, la de aprender a vivir con su nueva realidad.