CIBERAMOR
En el aeropuerto, un Simón nerviosísimo sujeta un globo rojo con la
palabra «Welcome». Está esperando a que aterrice el vuelo de Caracas, se abra
la puerta de «Llegadas» y aparezca Marlene.
La conoció en un chat de vídeos porno. Ella tonteó con él, le escribió
por privado, le mandó unas fotos muy sexis, le dijo que era muy simpático y él cayó
enamorado. Jamás de los jamases, nunca, en ningún lado, ninguna mujer había
reparado en él. Se propuso entonces alejarla de la mala vida y traérsela a España.
Él la cuidaría y le daría todos los caprichos; todo, cualquier cosa que se le
antojase.
Empezó enviándole dinero para vestidos. Luego para pagar el alquiler,
que ese mes no le alcanzaba. Después que si medicinas, hasta que hipotecó el
piso porque la madre tenía un cáncer y en Boston la operaban. Tuvo que pedir
otro préstamo, pues el tratamiento oncológico se alargaba. Así estuvieron dos
meses, hasta que ella le pidió plata para el visado y el billete de avión.
¡Al fin podría abrazarla!
Pero Marlene no sale.
Qué ha podido pasarle.
Le escribe, angustiado. ¿Dónde estás?
Y desde un cuchitril, en Tanzania, un hombre sudoroso contesta el
mensaje.