domingo, 22 de marzo de 2026

El fotógrafo

EL FOTÓGRAFO

Cuando tenía el encuadre perfecto —la luz, el maestro que ya se había fumado el puro, los niños quietos— un gato callejero que huía despavorido se llevó por delante el trípode y la cámara cayó al suelo. Y de nuevo el jolgorio y los escolares armando jaleo. Porque si no eran unas gallinas que se cruzaban —risas—, era un vecino que, despistado, pasaba por en medio —más risas—, o una anciana encorvada que no pensaba dar un rodeo —aplausos a doña Brígida—. O un estornudo, un empujón, un bostezo.

De pronto, se quedaron todos inmóviles y disparó. «¡Hechooo!», gritó, pero ni se menearon, atentos al intruso que, erguido sobre sus patas traseras, iba acercándose sigilosamente a él.