RUTA 66
Muy exaltados, los dos amigos contaban al camarero del cochambroso bar de
carretera lo de la autoestopista, pero el tipo parecía no inmutarse mientras
les servía huevos revueltos y echaba más café en sus tazas.
—Subió al asiento trasero —repetía ahora Jimmy—. Enseguida sentí su
aliento en mi nuca, sus dedos masajeándome la polla y vi su otra mano en la bragueta
de Jack. Estallamos al unísono, ¡guau!, pero al girarnos, ya no estaba. Ni
rastro de ella.
El camarero sacó algo de debajo de la barra.
—Ti
si mŭrtŭv —graznó, mientras cortaba un trozo de tarta de manzana con una guadaña.