ESCAPADA RURAL
Qué
silenciosa amanece la cabaña con lo alborotadas que estaban ayer las dos
parejas. Los quinitos, el «Verdad o consecuencia», el hechizo de las velas.
Sandra, ataviada con chaleco de vaquera, azotando los muslos de Lara,
pellizcándole las tetas; y Raúl metiendo el pulgar a Diego en la boca, bajándole
los vaqueros, mordisqueándole la oreja.
La
piel se les eriza mientras recomponen mentalmente, con los añicos que les
rodean —botellas de whisky y cola vacías, cogollos de yerba—, el puzle de la
juerga. Clarea afuera cuando regresa cada cual con su pareja y el cazador, que miraba
por la ventana, se aleja.