lunes, 13 de octubre de 2014

Pesca y caza

PESCA Y CAZA

«Recluida en el pozo seco, pronto se callará», decide Bruno escondiendo detrás del acuario la red mojada. Arrodillado con la oreja muy cerquita de la piraña, el niño cree escuchar su boqueo. Mientras, su hermana persigue por la tienda al dependiente de ojos aguamarina, que le explica que las tortuguitas son más sucias; que los peces naranjas son todos idénticos y que, cuando se mueren, los pequeños de la casa no distinguen a los intrusos en la pecera al llegar del cole.
Para cuando su hermana toda despeinada y el dependiente de ojos aguamarina salen del almacén, el pez ha muerto y Bruno lleva un rato dormido en el suelo.


sábado, 11 de octubre de 2014

Esta noche te cuento

ESTA NOCHE TE CUENTO


Atrás dejó el despertador, los viajes en metro, los recreos, las reuniones de padres y la pastilla para la tensión. Todo aquello quedó olvidado cuando se vino a vivir a este pueblo escondido entre montañas, donde podría hacer realidad su sueño: dedicarse a escribir.
Cada noche, después de podar manzanos, segar el campo, cosechar arándanos y limpiar las brozas del jardín, cogía papel y boli y antes de quedarse dormido soñaba con la primera frase de su siguiente cuento.

(Dedicado a JAMS)


domingo, 5 de octubre de 2014

La cabina

LA CABINA

Doris está anudándose la bufanda para marcharse cuando suena el teléfono.

«Nunca llego puntual al cole a recoger a Yeremi, carajo; tendré que ir pensando en cambiar de empleo», piensa resignada mientras se restriega la nariz con el puño y se coloca de nuevo el auricular y los cascos.

Servicio de emergencias, buenas tardes.

Al otro lado del hilo se oye una respiración profunda, como procedente de una caverna.

¡Por fin! ¿Hay alguien ahí? ¡Hola, hola, aquí! ¡A mí! ¡Socorro!

Señor, ¿en qué puedo ayudarle?

Me he quedado atrapado en una cabina y…

¿Una cabina? ¿De ascensor?

De teléfono, señorita. Y déjeme terminar, que solo me quedan tres pesetas. Yo pensaba que esta llamada era gratis.

«¿Pesetas?».

Escúcheme, joven. Esta mañana me metí aquí para telefonear a mi jefe porque llegaba tarde…

¿Dónde trabaja usted? pregunta por curiosidad. «Qué tío más viejuno,  ¿no tiene móvil?».

En Galerías Preciados. Desde su apertura, ¿eh?, soy de los veteranos. Entonces se atascó la puerta y unos desalmados vinieron con un camión grúa y me remolcaron hasta este almacén ¡lleno de cadáveres! Pero de camino me he fijado bien, tome nota: está justo detrás de la fábrica de Mirinda, no tiene pérdida. ¡Envíen ayuda, rápido…!

Cuando se corta la llamada, Doris se abotona el abrigo, estornuda, «vaya, me he resfriado otra vez», espera un par de minutos y como el hombre no vuelve a llamar, se levanta y ahora sí se marcha.

 


Tres son multitud

TRES SON MULTITUD

Cuando tan solo se encuentra a unos pasos de la frutería, Pepa dobla la esquina en sentido contrario, embriagada por un aroma que le hace salivar.
Te dije que dieras un rodeo y tú nada se lamenta abatida una voz interior.
¡Ni caso, reina! estalla una segunda voz. A ver, que llevas toda la semana masticando acelgas y tomando yogures desnatados. Qué tristeza, hija, de verdad.
Pepa se detiene frente al escaparate de la confitería del barrio. Antes, mete barriga para plegar las lorzas que sobresalen por encima del vaquero. Hoy está contenta: en el último mes ha conseguido bajar de la talla 46. Aunque, eso sí, el botón lo lleva incrustado en el ombligo.
Mmm se relame la voz tentadora. Fíjate en esa bandeja: bombas de hojaldre y nata recién hechas. Como para resistirse, ¿eh?
Peepaaa, date media vuelta y vete por donde has venido.
Una señora sale de la tienda y Pepa le sostiene la puerta. Ya está con un pie dentro.
Bah, por un dulce de nada, ¿qué te va a pasar? insiste la voz dominante. Luego subes andando las escaleras de casa y listo.
Buenos días saluda a la dependienta. Por favor, póngame un par de…