CAMPO DE BATALLA
Lo que menos preocupaba a Nancy al terminar el primer día eran los
restos de papilla, vómito y caca en el uniforme de niñera. Total, no era de
ella. Además ya había decidido que, en cuanto dieran las cinco en punto, se lo
quitaría, lo tiraría hecho un gurruño en el montón de ropa sucia del cuarto de
lavadoras y se despediría para siempre, «adiós, mañana no vuelvo», saboreando
el «no vuelvo» con particular deleite. A las cinco en punto; no pensaba
soportar aquello ni un minuto más.
Cuando Nancy se hizo cargo aquella mañana de Baby Danny, ni se le pasó
por la cabeza lo estresante, exigente, duro y agotador que podía ser bregar con
él. Con aquella carita tan angelical, esos mofletes sonrosados y ese parloteo
tan delicioso, ¿quién iba a imaginar que fuese tan difícil meterle la cuchara
en la boca? Ni sujetando brazos y piernas se quedaba quieto, menudos manotazos
que daba. Y patadas. Incluso mordiscos lanzaba el puñetero para librarse de
comer, que un par de moratones le quedaron a Nancy en el brazo. Cuando al fin
logró que se comiera todo el puré, tuvo que cambiarle el pañal no recuerda
cuántas veces. La diarrea le duró todo el día, una auténtica tortura para ella
porque, además, era viscosa y olía fatal. Una cosa muy desagradable. Parecía
mentira que tanta mierda cupiese en un cuerpo tan pequeño.
Para rematar la jornada, en el paseo de la tarde por el jardín, no paró
de berrear como un energúmeno dentro de la sillita y hasta que no la volcó con
sus balanceos, arrastrándola también a ella al suelo, no quedó contento.
Mientras Baby Danny lo celebraba dando palmas, ella ya había tomado la decisión
de que aquel trabajo no era para ella.
Así que a las cinco menos cinco ya estaba mirando el reloj, viendo cómo
avanzaban muy lentamente los segundos y cogiendo del suelo el chupete que
escupía cada dos por tres, cuando se le acercó la monitora del curso de niñeras
y se sentó a su lado. Abrió el portátil, desconectó al muñeco reborn y Baby Danny quedó inerte y
callado. Ahora sí que daba gusto verle.
―Muy bien, Nancy ―le dio una palmadita en la mano―. Para ser el primer
día, te ha tocado el bebé más complicado. Estas prácticas están programadas
para situaciones extremas, como habrás notado. Así luego en la vida real verás
que, con un poco de suerte, no es para tanto.