jueves, 11 de junio de 2026

Campo de batalla

CAMPO DE BATALLA 

Lo que menos preocupaba a Nancy al terminar el primer día eran los restos de papilla, vómito y caca en el uniforme de niñera. Total, no era de ella. Además ya había decidido que, en cuanto dieran las cinco en punto, se lo quitaría, lo tiraría hecho un gurruño en el montón de ropa sucia del cuarto de lavadoras y se despediría para siempre, «adiós, mañana no vuelvo», saboreando el «no vuelvo» con particular deleite. A las cinco en punto; no pensaba soportar aquello ni un minuto más.

Cuando Nancy se hizo cargo aquella mañana de Baby Danny, ni se le pasó por la cabeza lo estresante, exigente, duro y agotador que podía ser bregar con él. Con aquella carita tan angelical, esos mofletes sonrosados y ese parloteo tan delicioso, ¿quién iba a imaginar que fuese tan difícil meterle la cuchara en la boca? Ni sujetando brazos y piernas se quedaba quieto, menudos manotazos que daba. Y patadas. Incluso mordiscos lanzaba el puñetero para librarse de comer, que un par de moratones le quedaron a Nancy en el brazo. Cuando al fin logró que se comiera todo el puré, tuvo que cambiarle el pañal no recuerda cuántas veces. La diarrea le duró todo el día, una auténtica tortura para ella porque, además, era viscosa y olía fatal. Una cosa muy desagradable. Parecía mentira que tanta mierda cupiese en un cuerpo tan pequeño.

Para rematar la jornada, en el paseo de la tarde por el jardín, no paró de berrear como un energúmeno dentro de la sillita y hasta que no la volcó con sus balanceos, arrastrándola también a ella al suelo, no quedó contento. Mientras Baby Danny lo celebraba dando palmas, ella ya había tomado la decisión de que aquel trabajo no era para ella.

Así que a las cinco menos cinco ya estaba mirando el reloj, viendo cómo avanzaban muy lentamente los segundos y cogiendo del suelo el chupete que escupía cada dos por tres, cuando se le acercó la monitora del curso de niñeras y se sentó a su lado. Abrió el portátil, desconectó al muñeco reborn y Baby Danny quedó inerte y callado. Ahora sí que daba gusto verle.

Muy bien, Nancy le dio una palmadita en la mano. Para ser el primer día, te ha tocado el bebé más complicado. Estas prácticas están programadas para situaciones extremas, como habrás notado. Así luego en la vida real verás que, con un poco de suerte, no es para tanto.