LA SOPA
Por fin siente la pobre
mujer alegría en su corazón oprimido, porque miedo le da la reacción del marido
a sus guisos. Si le sirve la sopa caliente, ruge porque se quema el paladar; si
la deja templar, brama porque fría no hay quien se la tome. Si le echa un
cacillo, porque es poca; si dos, porque quiere engordarle como un cochino. Si añade
una pastilla de Avecrem, porque está salada; si no, porque está sosa.
Pero parece que va acertando.
Ayer agregó una araña machacada al sofrito y hoy vómito del gato. Y el cabrón
hasta ha sonreído.