domingo, 22 de marzo de 2026

Chismorreos

CHISMORREOS

¡Mamarrachos! Se piensan los muy necios que no me entero de nada. Que por ser una pobre anciana no les oigo masticar sus burlas e insultos y escupirlos a mis espaldas cuando salgo a la compra o de paseo. «Ahí va la cotilla, la vieja chismosa, la metomentodo, la correveidile del pueblo». ¡Como si todos ellos no fueran amigos de saber, que se pasan todo el tiempo blablablá, que yo también los veo!

Como vivo sola y no tengo ni con quien charlar ni nada mejor que hacer, me gusta pasar las mañanas sentada en la banqueta del colmado a escuchar a los vecinos contar sus cosas. Y como otra cosa no, pero siempre he tenido buena memoria, lo que oigo por aquí lo cuento luego por allá, y así distraigo las horas. Cierto es también que las tardes las paso con la oreja pegada al tabique o el ojo a la mirilla de la puerta, a ver quién sale y quién entra. ¿Acaso hago algún mal a alguien? Y por las noches, como casi no duermo, suelo esconderme detrás del visillo, haciendo calceta, hasta que cierran la tasca y el último parroquiano, a cuatro patas, consigue arrastrarse hasta su casa y meter a duras penas la llave en la cerradura de la puerta. Son los estragos del clarete y el ojén, a saber cuántos llevan.

La última vez que estuve en la ciudad, me compré unos prismáticos que son una maravilla, se ve con mucha nitidez lo de lejos. Y anoche, mientras enfocaba la tapia del cementerio me llevé un susto tremendo. Casi se me caen al suelo y por poco no me espatarro yo detrás de ellos.

Pero aunque esté una vieja y con sus achaques, de tonta no tengo un pelo, y no pienso pasarme los próximos meses prestando declaración, rellenando papeles, respondiendo que si estoy segura de esto o de aquello, repitiendo en comisaría lo mismo mil veces y luego recibiendo citaciones y cogiendo el tren para ir a testificar a los juzgados no sé cuántas veces y, ¡cómo no! aumentando mi fama de entrometida. No, no me apetece; prefiero seguir con los chismes de andar por casa. Por eso les voy a ofrecer unas galletas y un té a los policías que están llamando al timbre de la puerta y voy a hacerme la loca todo el rato que haga falta.