domingo, 22 de marzo de 2026

La doncella

LA DONCELLA

A veces, mientras sirve la mesa, tiene que reprimir Betsy una carcajada al imaginar los fideos, higadillos y trocitos de zanahoria del consomé deslizándose por la pared, después de estampar contra ella la sopera, hasta formar un charco parecido a vómito de gato sobre la alfombra persa. Pero más gracioso aún, piensa con regodeo, sería estrellar la salsera en el suelo de mármol, descascarillándolo un poco y llenando de añicos de porcelana todo el comedor. ¡Qué cómico ver al bulldog resbalarse sobre la salsa bordelesa, cortándose con la loza rota y poniéndolo todo perdido de sangre y pringue! Aunque lo más hilarante tenía que ser, sin duda, llenar de Chateau Beychevelle hasta el borde las copas del señor y la señora Wellington, para a continuación volcarlas de un manotazo sobre el mantel.

Betsssy, traiga la carne sisea la señora, agitando la mano, haciendo tintinear las monedas de oro de sus pulseras. Y quite esa sonrisita, haga el favor, que parece usted tonta del bote.

Sí, señora se sobresalta Betsy, como recién salida de un sueño, recomponiendo como puede el gesto y ahogándose de risa al imaginarse derramando la fuente de perdices estofadas sobre su vestido de encaje y terciopelo.