domingo, 22 de marzo de 2026

La tormenta

LA TORMENTA

En el alféizar de la ventana del dormitorio de Eddy, el hielo y la nieve se acumulan como nunca antes había visto. El cristal se ha empañado, así que el exterior la nieve sucia amontonada en las aceras, semáforos sin funcionar, autobuses y coches atascados, un ciclista que se cae, un anciano que resbala y se golpea contra el piso no se ve. Y ni falta que le hace a Eddy más pesadumbre, pues bastante tiene ya con esa desazón que desde hace tiempo siente en el pecho y que le oprime.

Para intentar animarse, ha esbozado con el dedo en el vidrio empañado un corazón, y dentro una mamá y un papá sonrientes. En medio de ambos, un niño. Después, ha tratado de distraerse viendo los dibujos de la tele, ha empezado un puzle, se ha cansado y ha lanzado al aire las piezas, ha estrellado sus cochecitos contra la pared, ha arrancado la cabeza a un osito de peluche y, finalmente, como tantas otras veces, ha ahogado el llanto con la cara hundida en la almohada hasta que, por fin, el sueño le ha vencido.

Es de madrugada cuando se oye un portazo y unos gritos. Inmóvil en la cama, entreabre los ojos, parpadea. La luz de las farolas alumbra los tres monigotes de la ventana y Eddy ve que ya no sonríen. La madre solloza, el padre vocifera, el niño está triste.

Y el corazón gotea desleído.