EL AFICIONADO
El fondo del mar ya no quiere volver a
verlo; menudo chasco se acaba de llevar con lo del buceo. Se imaginaba él que
aquello iba a ser un dejarse mecer por la corriente en las aguas cristalinas y
cálidas, rodeado de peces amarillos, azules y de rayas naranjas y blancas,
mientras acariciaba el caparazón de las tortugas que se acercaban a jugar con
él sobre el lecho blandito de algas. Más o menos como en «Nemo», la película de
dibujos que había visto ayer. Pero nada más lejos de la realidad: aquellas
imágenes que tenía ante sí no eran en absoluto lo que esperaba.
Para empezar, sumergirse dentro del
traje de buzo con la bombona de oxígeno a la espalda no es igual que ir en aletas
y bañador. Ya solo la escafandra aquella debía pesar como treinta kilos o más. Después,
una vez dentro del agua, todo resultaba turbio, frío y amenazador; nada de
pececillos de colores ni de rayos de sol hundiéndose paralelos al agua y dando
luminosidad a la arena blanca. Como solo se ve lo que está a muy corta
distancia, cualquier cosa que se desplace por allí hace que se lleve uno unos
sustos de muerte. Todavía siente escalofríos al recordar lo cerca que rondaba
aquel enorme tiburón, lo silencioso que se movía y cómo capturaba a la pobre
foca, a la que primero perseguía y acosaba para después lanzar varias veces por
los aires, y cuando ya la tenía medio desmayada, le asestaba un bocado con sus mandíbulas
afiladas, la troceaba de un par de dentelladas y se la tragaba como si nada,
dejando tras de sí el agua teñida de rojo y un reguero de jirones del animal.
Esta experiencia le ha parecido si no
traumática, sí bastante desagradable, sobre todo porque no es plan tener
delante despojos, vísceras y sangre cuando uno se está tomando una cerveza y
unas patatas fritas sentado en el sofá de casa mientras espera a que llegue el
de la pizza. Así que coge el mando a distancia y decide cambiar de canal. Y
como están ahora emitiendo los Juegos de Invierno de Milán-Cortina d´Ampezzo se
pone a ver la final de curling, que enseguida atrapa su atención, porque ¿acaso
hay algo más apasionante que ver a unos tíos barriendo frenéticamente el hielo
para reducir la fricción y que su piedra avance más recta y veloz?, piensa con
regocijo, mientras se arrebuja debajo de una manta.