domingo, 22 de marzo de 2026

El aficionado

EL AFICIONADO

El fondo del mar ya no quiere volver a verlo; menudo chasco se acaba de llevar con lo del buceo. Se imaginaba él que aquello iba a ser un dejarse mecer por la corriente en las aguas cristalinas y cálidas, rodeado de peces amarillos, azules y de rayas naranjas y blancas, mientras acariciaba el caparazón de las tortugas que se acercaban a jugar con él sobre el lecho blandito de algas. Más o menos como en «Nemo», la película de dibujos que había visto ayer. Pero nada más lejos de la realidad: aquellas imágenes que tenía ante sí no eran en absoluto lo que esperaba.

Para empezar, sumergirse dentro del traje de buzo con la bombona de oxígeno a la espalda no es igual que ir en aletas y bañador. Ya solo la escafandra aquella debía pesar como treinta kilos o más. Después, una vez dentro del agua, todo resultaba turbio, frío y amenazador; nada de pececillos de colores ni de rayos de sol hundiéndose paralelos al agua y dando luminosidad a la arena blanca. Como solo se ve lo que está a muy corta distancia, cualquier cosa que se desplace por allí hace que se lleve uno unos sustos de muerte. Todavía siente escalofríos al recordar lo cerca que rondaba aquel enorme tiburón, lo silencioso que se movía y cómo capturaba a la pobre foca, a la que primero perseguía y acosaba para después lanzar varias veces por los aires, y cuando ya la tenía medio desmayada, le asestaba un bocado con sus mandíbulas afiladas, la troceaba de un par de dentelladas y se la tragaba como si nada, dejando tras de sí el agua teñida de rojo y un reguero de jirones del animal.

Esta experiencia le ha parecido si no traumática, sí bastante desagradable, sobre todo porque no es plan tener delante despojos, vísceras y sangre cuando uno se está tomando una cerveza y unas patatas fritas sentado en el sofá de casa mientras espera a que llegue el de la pizza. Así que coge el mando a distancia y decide cambiar de canal. Y como están ahora emitiendo los Juegos de Invierno de Milán-Cortina d´Ampezzo se pone a ver la final de curling, que enseguida atrapa su atención, porque ¿acaso hay algo más apasionante que ver a unos tíos barriendo frenéticamente el hielo para reducir la fricción y que su piedra avance más recta y veloz?, piensa con regocijo, mientras se arrebuja debajo de una manta.