domingo, 22 de marzo de 2026

Sombras

SOMBRAS

No era la oscuridad ni aquellas aguas heladas lo que les asustaba. Tampoco les pareció un lugar nauseabundo, sucio y desagradable como los sitios por donde solían transitar: los puertos pesqueros atestados de raspas y cabezas podridas de pescado; las calles llenas de baches, piedras y charcos; las plazas rebosantes de colillas, cascos rotos, excrementos de animales, orines y escupitajos; los mercadillos donde montones de inmundicias se acumulaban al terminar la jornada. Pero verse repentinamente ahí, somnolientas aún, flotando en la superficie del océano, les hizo sospechar que algo malo estaba pasando.

Conforme transcurrían los minutos, el miedo y la incertidumbre fueron adueñándose de ellas. Algunas se pusieron a sollozar en silencio, otras chillaban, las más se resignaban. Porque ¿acaso podían ellas hacer algo? La respuesta era no. Nada. Lo único apretujarse, bien juntitas, para infundirse ánimos, para confortar a las más angustiadas, para decirles que aguantasen, que enseguida vendrían a rescatarlas, que pronto conocerían el suelo americano, que esta pesadilla quedaría olvidada.

Pero lo que pasó fue que la mayoría de las sombras que intentaban mantenerse a flote a merced de los bloques de hielo fueron arrastradas al fondo del mar. En aquellas dos horas y cuarenta minutos que tardó en hundirse el Titanic, más de mil quinientas desaparecieron bajo las gélidas aguas, quedando atrapado en el aliento brumoso del océano un lamento desesperado.