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viernes, 6 de mayo de 2016

Tragaderas

TRAGADERAS

Las palabras que ha aprendido por la noche las paladea poniendo toda su atención. Las dulces, «te quiero, vida mía», escasean tanto que se deleita triturándolas, saboreándolas. Pero de tanto llevarlas de un lado para otro de la boca (¿veinte veces, cincuenta, cien?), terminan desapareciendo diluidas en su saliva. Las más amargas, «¡zorra, malnacida!», las escupe, sin más. Al principio se las tragaba enteras, pero le salían úlceras en la cara y el cuello y su madre le recomendó que intentara evitarlas.

Las que suele haber de postre, «sin ti no puedo vivir»,  le son muy agrias. Siempre se le hacen bola hasta que consigue pasarlas.

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