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viernes, 6 de mayo de 2016

Lo imposible

LO IMPOSIBLE

Cada vez que le hablaba del último sobre rechazado, mi abuelo agitaba los puños, se ponía rojo entero y rechinaba los dientes. Ocurría cada domingo al volver a casa con sus estampas descoloridas. Siempre el mismo drama. Yo me sentaba a su lado en el sofá e intentaba consolarle, «quizá la próxima semana, abuelo», mientras pasábamos las páginas de la colección incompleta.
Cuando oía el berrinche, mi abuela venía al salón, giraba el dedo índice sobre su sien y le confiscaba el álbum que el pobre retenía en su regazo, riñéndole. «Un día te va a dar un jamacuco, Antonio», rutaba. «Maldito sea el puñetero cromo de Naranjito, ¡rediós!».


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