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viernes, 6 de enero de 2012

Sin memoria



SIN MEMORIA

Federico no atesora recuerdos, solo conoce esta vida anodina. Se pasa las horas muertas pegado al cristal que lo aísla del exterior, siguiendo con su mirada a unos seres que vienen y van.
Una mañana, cuando todos han salido de casa, Federico, decidido, coge impulso y se lanza afuera. Cae sobre el duro mármol, rebota y empieza a boquear pidiendo auxilio. Al instante añora lo que fue su hogar, pero por más ganas que le pone, no logra con sus coletazos elevarse ni un palmo.
Al volver del colegio, los niños recogerán del suelo de la cocina el cuerpecillo naranja y haciendo un puchero lo echarán por el inodoro, para luego seguir con sus juegos.


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