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viernes, 6 de enero de 2012

Revelación

REVELACIÓN

Unos meses después del entierro de la tía Dora, mamá bajó la guardia y me arriesgué a subir a curiosear en aquel desván cubierto de motas de pesar, prohibido desde que tengo memoria.
La excursión fue todo un descubrimiento. Aficionada a las novelas rosa que llenaban mi abandono, al abrir el baúl lo vi claro al momento: fotografías borrosas de una jovencísima muchacha, dos enamorados sonriendo a la cámara,  un ajuar enmohecido, una negativa manuscrita por un padre intolerante…
El rostro macilento de aquel despojo de mujer solo se encendía en las contadas ocasiones en que, sin saberse espiada, huía a su pasado para ensoñarse con sus recuerdos. Pero pocas veces le vi sonreír, muy pocas.
A la mañana siguiente dejé una nota de despedida.


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