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viernes, 6 de enero de 2012

El secreto



EL SECRETO

Todos en la comisaría cuchicheaban a sus espaldas, intrigados por los éxitos que obtenía al hacer confesar sus delitos a los  malhechores.
Cuando a veces, indiscretos, asomaban la nariz por la puerta de su despacho y le interpelaban con cierto desdén, él no soltaba prenda. “Que se fastidien, por envidiosos”.
En los interrogatorios a puerta cerrada, el polígrafo conectado a una planta de exuberantes hojas verdes detectaba, sin margen de error, a los mentirosos.

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