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viernes, 6 de enero de 2012

De uniforme


DE UNIFORME

… y nada más existió hasta el próximo tren. La estela del anterior llenó el apeadero de un hedor desconocido. Supe entonces a qué olía la muerte”.
La lluvia golpea los cristales con saña. La anciana levanta la vista de su labor y le dirige una mirada de desaprobación, pero él está inmerso en sus recuerdos y no la ve.
Max no pestañea, se siente subyugado con el relato. Apoya un dedo en la fotografía dando unos golpecitos:
—Abuelito, ¿por qué ibas vestido así?

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