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viernes, 6 de enero de 2012

Manolita



MANOLITA

Sentada en la banqueta de la cocina mira sus manos cuarteadas. Está deprimida y como tantas otras veces ha decidido no seguir: «Hoy termino la tarea y me despido. Pronto cumpliré los setenta y ya no puedo con esta carga». Absorta en cómo dará la noticia no ha sentido el silencio que ocupa la casa. La radio siempre está encendida, pero ahora no se oye nada. Angustiada recorre todas las habitaciones, el viejito no aparece. «Dios mío, si este hombre nunca sale solo…».
Al poco escucha unos ruidos en el descansillo. Abre apresurada la puerta, el anciano no acierta con el cerrojo y al entrar le ofrece una sonrisa traviesa y una flor que tiembla en su mano. 

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