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viernes, 30 de octubre de 2015

Libre

LIBRE


La noche de su internamiento, el psiquiatra de guardia lo encontró tieso sobre el jergón de la celda acolchada. Comprobó a través de la camisa de fuerza que no tenía pulso y cerró suavemente sus párpados y su sonrisa helada. Después fue al almacén a por una escalera, un bote de pintura y un rodillo para borrar la estampa de un águila que sobrevolaba el techo de aquella jaula. No fuera que llegase a oídos de los otros majaras.

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