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viernes, 30 de octubre de 2015

La mujer del cerrajero

LA MUJER DEL CERRAJERO


Y cómo es que nunca cambiaron el bombín, pregunté al matrimonio de carcamales que vivía en el entresuelo. «Su marío di usté puso uno haci poco y ya ve, pa´ná…», me respondió apenada la vieja tras sorber ruidosamente la sopa. Les han entrado ya tres veces a robar, y siempre el mismo día que regresan del banco con el sobre de la pensión. Una fatalidad.
O sea que, si no me equivoco, llevo un par de meses trayendo la cena a estos dos: un puchero de caldo con fideos. Desde ayer lo estoy enriqueciendo con el hueso pelao del Jabugo, ¡no vayan a morirse de hambre, por Dios!


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