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viernes, 30 de octubre de 2015

Enojo

ENOJO


Este se va a enterar quién manda aquí, de qué va. ¿Acaso no se lo repetí hasta la saciedad? Que le dejaba acampar en mi finca, a él y a su chica, y que podían hacer allí lo que quisieran: pescar, bañarse en los arroyos de aguas cristalinas, brincar por las praderas, revolcarse desnudos entre las florecillas silvestres bajo la luz de las estrellas… Todo lo que os apetezca, le dije, menos comerse los frutos de este manzano. ¿Que por qué de este árbol en concreto? No sé. Me dio por ahí así, de repente. Y ya está.

1 comentario:

  1. Jaja qué capricho más azaroso! No será envidia por no tener a nadie con quien compartir la finca?

    Buen relato.

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