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domingo, 2 de noviembre de 2014

Champán y sal

CHAMPÁN Y SAL

Recuerdo que rodé por los escalones un par de veces antes de ser arrastrado por esta vikinga a su camarote. ¿Qué le habrían puesto al ponche aquel? ¡Si yo antes del tercer brindis no canto nunca! Dos sorbitos, un meneo en la pista de baile y hala, ya tenía su lengua metida hasta el paladar. ¿Cuánto tiempo llevaremos tumbados en esta cama? Qué mareo me está dando con la cabeza aprisionada entre sus muslos, casi no me llega el aire. Tengo la boca seca de tanto lamerle el caramelito, que a ratos parece a punto de descorcharse, pero nada, que no. Cómo tarda la tía, y eso que esta mañana no me afeité. ¿En qué idioma estará gimiendo… Astrid? ¿Ashley? ¿Cómo dijo que se llamaba? Ah, qué alivio, por fin ha terminado; vaya sacudida, del empellón me he caído al suelo. ¡Eh! ¿Qué hace la litera pegada a la pared y la ventana en el techo? Me da vueltas la habitación, menuda borrachera he pillado. Anda, esto que se me clava en la espalda, ¿qué es? ¿El pomo de la puerta? ¿Y por qué está entrando agua por debajo de… Glu glu glu.


3 comentarios:

  1. Vaya Champán efectivo, como el agua no le espabile la lleva clarito.
    Muybuen micro Susana, me ha gustado mucho. Felicidades.
    Besicos muchos.

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  2. Bueno es poco. Divertido y estupendamente narrado. Menuda cogorza. Vamos que no sabía si era el Titanic, el Nautilus o la bañera de su casa. Original... y que engancha.
    Por cierto, ¿y la vikinga se enteró de algo?

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  3. Gracias, chicos. Pues la vikinga todavía no se había recuperado de lo suyo, jeje

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