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sábado, 22 de noviembre de 2014

Brujas

BRUJAS


Empezó a pensar en un nuevo teorema que justificara las pisadas en el suelo recién fregado del pasillo. Era ella quien abría cada mañana la escuela; más tarde, a eso de las siete, solía llegar Arturo, el conserje. Pensativa, le dejó una pata de conejo en la garita. Luego se quitó los guantes de goma, cerró el cuarto de la limpieza y salió del edificio montada sobre su escoba.
Cuando iba a meter en el cajón la brocha y la espuma de afeitar, Arturo se encontró el amuleto peludo. Lo acarició indeciso y cruzando los dedos rogó para que a su mujer se le pasara lo del divorcio.