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domingo, 2 de noviembre de 2014

Alumno aventajado

ALUMNO AVENTAJADO

Descubrí la clave en el último verso del haiku que nos dictaba el señor Jiang, que cuando aquello vivía en un apartamento pegado al de mis padres. Detrás de dos frases muy raras que leí veinte veces sin entenderlas, me encontré con la tercera, que decía: «con la guadaña». Cinco sílabas que le daban todo el sentido al poema. Me percaté entonces de la indirecta que me estaba lanzando el tío, que siempre que coincidíamos en el ascensor se lamentaba de lo mustia que veía a su planta. Y se me ocurrió una idea.
Esa misma tarde, al salir de clase, cogí el primer autobús para regresar a toda prisa a casa. Mi madre todavía no había vuelto del taller de costura; mejor, porque nunca me dejaba enredar con los cuchillos. Así que cogí las tijeras del cajón de la cocina y podé el bonsái que tenía el profesor en el rellano de la escalera.
Ese año repetí curso.





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