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sábado, 31 de enero de 2015

Verde pasión

VERDE PASIÓN

Con Anabel todo es distinto. Le cambié el nombre en cuanto me encariñé con ella: Pamela me sonaba más a puta. Cuando la vi el miércoles en aquella tienda, supe que tenía que ser mía; bueno, también por no aguantar a mi madre, qué pesada. «Hijo, ¿cuándo te vas a echar novia? Que tienes cincuenta y siete años y estás como amargao, ay». Así que me la traje a casa.

Al principio, a mis padres les costó aceptarla, y me molestaba mucho pillar a mi hermano babeando cada vez que la miraba. Por eso ahora, cada mañana, la desinflo y la guardo en su caja.