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martes, 1 de enero de 2013

La cabalgata


LA CABALGATA


Un desaliñado Papá Noel arrastraba los pies por la plaza vendiendo globos de colores. Su traje lleno de lamparones y su mirada de chacal parecían pasar desapercibidos esta noche, en la que solo había sitio para la fiesta y la alegría. Con sus garras mugrientas, sujetaba los hilos de un puñado de globos que se sacudían en el aire y avanzaba a empujones entre el gentío.

Su rostro se retorció con una siniestra sonrisa cuando descubrió con deleite a la pequeña Celia, que iba sentada en su sillita de paseo aunque ya sabía andar: era la víctima idónea. Le anudó el globo más grande en la muñeca y esperó paciente acechando por el rabillo del ojo.

Impulsada por una fuerza maligna, la niña se escurrió de su asiento dando saltitos de gusto ¡parecía que volaba! El hombre se relamió las fauces al verla llegar al borde de la calzada, y a punto de ser aplastada por la carroza de un Rey Mago, una potente ráfaga de luz blanca que solo él pudo ver envolvió a la pequeña llevándola de vuelta a la acera.

Sulfurado, metió el peludo rabo entre las patas, y resoplando, desapareció por una esquina rumiando su siguiente misión.