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martes, 1 de enero de 2013

La cabalgata


LA CABALGATA


Un desaliñado Papá Noel arrastraba los pies por la plaza vendiendo globos de colores. Su traje lleno de lamparones y su mirada de chacal parecían pasar desapercibidos esta noche, en la que solo había sitio para la fiesta y la alegría. Con sus garras mugrientas, sujetaba los hilos de un puñado de globos que se sacudían en el aire y avanzaba a empujones entre el gentío.

Su rostro se retorció con una siniestra sonrisa cuando descubrió con deleite a la pequeña Celia, que iba sentada en su sillita de paseo aunque ya sabía andar: era la víctima idónea. Le anudó el globo más grande en la muñeca y esperó paciente acechando por el rabillo del ojo.

Impulsada por una fuerza maligna, la niña se escurrió de su asiento dando saltitos de gusto ¡parecía que volaba! El hombre se relamió las fauces al verla llegar al borde de la calzada, y a punto de ser aplastada por la carroza de un Rey Mago, una potente ráfaga de luz blanca que solo él pudo ver envolvió a la pequeña llevándola de vuelta a la acera.

Sulfurado, metió el peludo rabo entre las patas, y resoplando, desapareció por una esquina rumiando su siguiente misión.

2 comentarios:

  1. Je je Susana, ahí va mi versión desde el "otro lado".
    Besos de MEL.
    LA GATA CABAL.
    Desde muy niña percibí claramente a mi ángel de la guarda, sabía que estaba ahí protegiéndome, a veces creía oír su voz, eso que otros llaman la conciencia. Con el tiempo, cogí confianza y le pedí que se manifestase, al fin y al cabo si era para toda la vida quería verle.
    Escogió materializarse en forma de animal: una preciosa gata blanca de pelaje mullido y esponjoso que me acompaña desde hace ya años. Al principio charlábamos mucho, quizás fuese por mi juventud que necesitaba supervisión. Con los años creí que la gatunez había ido ganándole a su pequeño cuerpo. Hasta ayer, que al regresar a casa la encontré sentada encima del periódico, justo encima del titular que informaba del recorrido y horarios de la cabalgata de reyes. Algo en mi interior me dijo que no era casualidad, eso y el hecho de que yo jamás compro el diario. Bueno si Ángela, así la llamo, quiere que vaya, tendré que ir. La forma en que se enroscaba en mis tobillos me indicó que ella también debía ir...
    Cogí su canastilla de viaje y nos mezclamos entre la multitud que atestaba las calles. Seguí andando hasta que un extraño movimiento dentro de la cesta me hizo detenerme en seco. Observé detenidamente a mi alrededor, y vi una niñita escurriéndose de su silla mientras las carrozas se aproximaban, estaban a punto de aplastarla. De pronto, desde la canastilla se proyectó una luz blanca que me cegó por un instante. Cuando recobré la vista la niña volvía a estar segura en su silla, y Ángela bostezaba.
    Me marche de allí, y al doblar una esquina Ángela maulló con fuerza. En un rincón había un maltrecho traje de papa Noel, y un gato negro con ojos de fuego nos miraba desde el fondo de callejón. Aquel también maulló.
    Cuando volvimos a casa le di ración doble de sus galletitas, se lo había ganado.

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  2. La maldad disfrazada aparece cuando menos lo esperas.
    Original e inquietante relato.
    Saludos.

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