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jueves, 13 de diciembre de 2012

Añoranza


AÑORANZA

De su vida en blanco y negro no quedó rastro cuando irrumpió ella como un torbellino. Sin preguntar, llenó las paredes con cuadros de impresionistas, cambió la moqueta  por una alfombra de patchwork japonés y descolgó las cortinas para dejar paso a la luz del sol. Con todo, lo más perturbador fueron las pastillas de jabón que invadieron los armarios, cuya esencia diluía en su alma el alcanfor de una rutina gris.
Un día ella se marchó como había llegado, sin avisar. En el vacío de su ausencia quedó flotando una nube de pompas pulverizadas, y ni siquiera el paso de los años ha logrado disipar el aroma que aún rezuma de su recuerdo en las tardes de lluvia salada.

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