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jueves, 3 de octubre de 2013

Sobredosis de arte

SOBREDOSIS DE ARTE

Después de dos horas pateando salas y más salas llenas de retratos, bodegones, paisajes, esculturas y tapices… descubrí una puerta con un letrero que ponía: «Solo personal autorizado». Esta es la mía, me dije, y en un despiste del guía la empujé con disimulo y me colé dentro. 
Derrengada, me dejé caer en el suelo del cuartucho. Cuando mis ojos se hicieron a la oscuridad, casi se me saltan las lágrimas de la emoción al ver tan bien ordenaditos en aquel hueco: una escoba, un recogedor, unos trapos amarillos con rayitas rojas y un plumero.