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jueves, 3 de octubre de 2013

El restaurador

EL RESTAURADOR

El doctor Esteve medita en el asiento del vagón sobre las citas de los últimos meses: las salidas intempestivas del hospital, las disparatadas excusas al cirujano jefe…  Tiene que parar esta locura cuanto antes, no debe arriesgar así su reputación.
Se baja del metro en Atocha y se encamina a toda prisa al museo. Tras identificarse en la entrada se dirige a la sala de restauración. «¡¡¡«La maja desnuda» preñada otra vez!!!». Indiferente a los lamentos del personal abre el maletín y dispone sus bártulos. Sin temblarle el pulso practica una incisión horizontal en el abdomen y extrae un feto chorreante de pintura. «Lo que habría que evitar a toda costa», se dice muy serio, «es un cuarto aborto; la tela no resistirá tantas puntadas».
Un rato después en el lavabo se aclara las manos teñidas de bermellón y se ajusta al cuello una pajarita que saca del bolsillo. Mira el reloj, todavía llega a tiempo al cóctel de esta noche. Da un lingotazo a su petaca de ginebra y decide que es el último favor que le hace a su amigo el director del museo. Hoy a más tardar le sugerirá que cambie a «Los borrachos» a otra sala.


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