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miércoles, 24 de julio de 2013

Apariencias

APARIENCIAS

¡Tienes los pies fríos, cariño! ¡¡Atiza ese fuego, dame calooor!! ¡¡¡Grggg!!!
Tres noches sin pegar ojo enturbian la mente a cualquiera, incluso al más avezado explorador. Surcando los más impetuosos océanos, Vincent es capaz de dormir hasta en litera, pese a los temporales y los envites de las olas en alta mar. Pero aquí, en su propio palacete, o mejor dicho, el de su acaudalada Cècile, le resulta imposible conciliar el sueño con ese eco insolente retumbando en su cabeza. «Parece que no ha sido suficiente con despedir al mayordomo», se dice. Entonces se incorpora y sigiloso se dirige al salón. Le tiembla un poco el pulso al acallar los gritos, «¡¡…dame calooor, aaaghh…!!». En el porche se sacude las plumas pegadas a sus manos y regresa a la cama junto a la loro infiel, que sigue roncando como si nada. Habría preferido no tener que sacrificar esa pieza por la que tantos doblones pagó. ¡Qué excelente ejemplar!