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lunes, 6 de mayo de 2013

Fumata


FUMATA


—…y aburrida de esperar a ver qué narices pasa, espero paciente a que aparezca el lobo acompañado de Alicia, el conejo y el sombrerero, que se troncha burlándose de todos ellos con sus acertijos. —En este punto interrumpe el relato y se queda embobada contemplando cómo las sombras de las rejas se distorsionan en las paredes del cuartucho al atravesar la bocanada de humo que expele.
—Zzz…—Paula se arrebuja en su camastro, aprieta fuerte los ojos y se gira fingiendo dormir. ¡Así no es el cuento! Cómo detesta los días de visita, cuando  viene el tío Nacho y mete a escondidas en el bolsillo de su babi esos apestosos cigarrillos verdes.

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