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martes, 28 de febrero de 2012

La profecía


LA PROFECÍA

—Veo junto al reloj unos números grabados en su piel cubiertos por una maraña de vello, parecen tres nueves. El sospechoso balbucea palabras inconexas, creo que está drogado. ¿Le detenemos, señor?
El sargento recibe en su despacho el informe telefónico. Ese tatuaje no pertenece a ninguna de las bandas criminales de los bajos fondos y un mal presagio le retumba en el cerebro.Tras unos instantes, la secuencia numérica se le aparece invertida. Pero cuando Intenta restablecer contacto con el agente para prevenirles ya es demasiado tarde.
Al otro lado del hilo solo se escuchan los estertores de los dos policías que agonizan y de fondo un aullido estremecedor.

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