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miércoles, 4 de marzo de 2015

Negocio familiar

NEGOCIO FAMILIAR

Desde pequeña, Juliette se dedicaba a garabatear monigotes y paisajes hasta en el papel pintado de su habitación. Su madre los fregaba con lejía, pero la niña, testaruda, seguía haciendo retratos en el cuarto de baño y bodegones en las paredes del salón. Valiéndome de mi autoridad paterna, tuve que hacer algún secuestro furtivo de ceras y acuarelas, aunque según sus profesores tenía un gran futuro con los pinceles. Cuando al cumplir los dieciocho nos anunció que quería irse a vivir en plan bohemio a una mansarda frente al Sena, nos enfadamos mucho y le cortamos la asignación. En el negocio de tu padre, le dijo mi mujer, también puedes ganarte la vida con los colores. No sé si acertamos, porque ya no nos habla y anda siempre enfurruñada; con el buen salario que le pago como maquilladora en la funeraria.


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