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domingo, 29 de marzo de 2015

El Reino pobre

EL REINO POBRE

Cansada de esperar al marido y al hijo, la Reina se levantó de la mesa y fue a buscarles por el castillo.
¡Doriiistires! ¡Pepiiindio! ¡Que se enfría la sopa!
Recorrió pasadizos y aposentos, lamentándose de los desconchones y humedades en las paredes; bajó a las mazmorras tapándose la nariz, y subió las escaleras con cuidado de no tocar la barandilla agrietada.
¿Qué estáis haciendo aquí?
Pepindio se ha fundido la colección de monedas en juergas. Esta mañana llegó haciendo eses y se cayó al foso, así que le he ordenado fregar los cañones. Si no quiere casarse, algo útil tendrá que hacer.
—¡Estoy harto de tanto frotar!
Hijo, por una vez  tu padre tiene razón; deberías encontrar una princesa adinerada que nos saque de esta ruina.
Vaaale... Pero la elijo yo
—¡Con lo escogido que eres! Que si la que se pinchó el dedo con la rueca es un muermo, que si la del guisante bajo el colchón una tiquismiquis…
En la taberna he oído hablar de la Princesa del Pueblo. Es de un reino muy lejano: Hispania o algo así.

Toma —se entusiasmó el Rey—: papel, tintero y pluma. Escríbele una carta. Pero sin faltas de ortografía, ¿eh?

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