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sábado, 2 de agosto de 2014

Demencia

DEMENCIA

Desde que encontraron el cadáver de Holly hundido en el pozo negro, mamá se pasa los días deambulando como un fantasma por los pasillos y habitaciones sin parar de repetir «no olvides bajar la tapa, hija, no olvides bajar la…» cada vez que me ve entrar o salir del cuarto de baño. Está convencida de que se escurrió por el agujero del inodoro que ahora engulle cada nuevo cachorro de setter que obstinado trae papá cuando misteriosamente desaparece el anterior.
Solo el eco de esa cantinela, las descargas de la cisterna y los ladridos suplicantes me mantienen distraída. Porque desde aquello nadie habla ya de mi hermana. Ni de ella ni de nada. Por eso yo, para sentirme menos sola, sigo llevando mascotas a su tumba y en las noches de luna llena me quedo allí un ratito a jugar con sus sombras.



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3 comentarios:

  1. Esa luna llena te ha traído una historia tremenda.
    Un saludo
    JM

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  2. Es estupendo, Susana. También aquí te lo digo. ¡Qué escalofrío da introducirte en una vida emborronada por la demencia y cuántas cosas quedan en el aire, obligando al lector a meterse en él! Felicidades.

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  3. Sois muy amables los dos, de verdad. Desde luego me alegra mucho que lo hayáis entendido, porque dejar un poco en nebulosa la narrativa era toda mi intención, por el tipo de historia que quería contar.
    Abrazos.

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