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viernes, 23 de mayo de 2014

A pique

A PIQUE


No, él nunca fue un hombre desconsiderado. Por supuesto que le disgustaba contemplar cómo se hundía su barco y haber olvidado dar la alarma al pasaje. No, no se enorgullecía de haber pedido a los cinco tripulantes africanos que dormían en cubierta que subieran la preciada carga al bote salvavidas, ni de haberles abandonado luego a su suerte. No, tampoco era insensible a los gritos de auxilio que le taladraban los oídos mientras se dejaba arrastrar por la corriente. Pero se sentía dichoso abrazado a aquel cofre lleno de tesoros con los que pronto, muy pronto… glu glu glu.