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lunes, 2 de diciembre de 2013

Hermana mayor

HERMANA MAYOR

A Catalina le olían las manos a lejía y el aliento a ajo. Solía venir por navidades a ayudar en la cocina y mientras la veíamos trajinar, nos aseguraba que el barco de su marido estaba ya cerca y que muy pronto recibiríamos nuestras ansiadas bicicletas. La mía sería roja, con una cestita delante.
Pero en mi casa las paredes hablaban. Con la oreja pegada al tabique del comedor, descubrí aquel año que el esposo de Catalina no era capitán, sino un gandul que se había esfumado cuando nació su hija, se asustaría al ver un bebé con bigote. Y que los Reyes eran los padres, bueno, mi madre, que a mi padre no le gustaba ir de tiendas. Enseguida informé a mis hermanos pequeños para que revisaran los juguetes de sus cartas y se fueran olvidando de las bicis.
Aprovechando su estupor les convencí de que a Catalina, la pobre, nadie le regalaría nada, así que rompimos nuestras huchas para comprarle un frasquito de perfume. Me las apañé para rellenar con agua de lavanda uno que encontré por ahí y lo envolví en papel de regalo.
Con el dinero del botín conseguí los patines que llevaba dos años pidiendo

6 comentarios:

  1. ¡Vaya niña avispada (porque me da la impresión que es una niña), si es que en esta vida el que no corre, vuela!!
    Susana me ha encantado tu micro, es muy visual e incluso paracía estar escuchando la voz de la criatura.
    Besicos muchos.

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    1. Tú lo has dicho, el que no corre... Cuando hay varios hermanos, te tienes que espabilar sí o sí.
      Un abrazo.

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  2. ¡Buen relato Susana!

    Una historia que cuenta bastantes cosas, sinsabores de relaciones rotas, niños ingenuamente felices y solidarios y una hermana mayor que se espabila a pasos agigantados.

    Me ha gustado.

    Un saludo.

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    1. La vida es dura, Alfonso, es algo que por desgracia se descubre a muy tierna edad.
      Un abrazo.

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  3. Jeje, con hermanas así no necesitamos políticos. Me he divertido con tu historia. Pobre niña con bigote. En fin, unas risas siempre vienen bien.

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    1. Lo del bigote es real, Ximens, no en el bebé, pero Catalina lo tenía y su hija lo heredó al crecer. No existía el láser cuando aquello.
      Un abrazo.

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