lunes, 2 de noviembre de 2026

Mecachis

MECACHIS 

El hombre de tez ceniza, chaqueta arrugada y manos temblorosas miraba una y otra vez, de arriba abajo, la carta de bebidas de la cafetería. Pidió entonces un vodka con naranja, pero el camarero le sirvió un negroni y, como se moría de sed y no quería esperar más, se lo bebió de un trago. Estaba muy rico. Levantó la mano y señaló varias veces el vaso vacío y le trajo, esta vez, un mojito. Olía delicioso, a hierbabuena recién cortada. Quiso repetir, pero le pusieron delante un café con crema de orujo que, aunque no era lo que más le apetecía, se tomó con gusto.

Todo esto se imaginaba este hombre mientras, aburrido, sorbía con una pajita un agua con gas. Se consolaba pensando que, al menos, tintinear los hielos de la copa, no se lo tenían prohibido. Aunque debía ser cauteloso y dosificarse con la lectura de los cócteles y la mezcla de bebidas, porque cuando terminaba su agua y se levantaba para irse, decía un «hasta mañana» con voz de borracho y salía de allí tambaleante y mareadillo.