lunes, 2 de noviembre de 2026

Lo superfluo

LO SUPERFLUO

En la delegación de asuntos educativos, los responsables se afanan en optimizar el presupuesto. Hay que acabar con el despilfarro en esta área y en esas están, en ajustar el gasto en el diseño de la futura escuela.

«El cielo va a seguir ahí, ya lo verán cuando se vayan a casa después de clase. Se evita, además, que se distraigan mirando pasar las nubes, ¡así que fuera!». Y eliminan todas las ventanas del edificio. Uno de los expertos sugiere aprovechar los viejos contenedores del puerto, colocando uno junto a otro y apilándolos hasta tres alturas, en lugar del proyecto de obra tradicional con sus ladrillos, mortero, escayola, revoco, cristales, persianas y demás zarandajas.

Tras restar todas estas partidas y animados por el ahorro que esta idea supondría para las arcas, dirigen su mirada al terreno del plano. «No tiene sentido tanto espacio desaprovechado, lleno de porterías y canastas, ¡que jueguen en sus barrios, caramba!». Y con unas tijeras recortan el patio del recreo.

Tanto gustico les da el sonido de las cuchillas, chas-chas,  seccionando el papel, que continúan eliminando más cosas: las aulas de música, dibujo, audiovisuales y también, por qué no, el laboratorio, la biblioteca y el gabinete de apoyo. «Aquí se viene a aprender y aprobar el curso; los caprichos, extraescolares y terapias que se los paguen sus padres».

Con los recortes que se van amontonando encima de la mesa, hacen unos gurruños que tiran a encestar, con más o menos tino, en la papelera.